Acerca de las Asambleas Generales

El Pasado-Supervisor General, A. J. Tomlinson habló estas palabras acerca de las Asambleas Anuales en su introducción del Mensaje Anual en la Séptima Asamblea Anual conducida el 4-14de enero de 1912: “En el 1905 fue que se concibió la idea de una Asamblea Anual. Había habido algunas cosechas de almas durante el año, y al mismo tiempo habían surgido algunas preguntas perplejas. Como Iglesias de Dios habíamos acordado caminar en la luz, y a la vez escudriñar las Escrituras y buscar con diligencia más luz y conocimiento.

Cerca de la clausura de ese año, la demanda de tal asamblea había aumentado a tal grado que los ministros fueron casi forzados a buscar en las Escrituras para ver si había algo que garantizara el llamado a efectuar dicha convención. Comenzamos a andar lento, cuidadosamente y orando ante Dios, como lo hemos estado haciendo hasta el día de hoy, determinados a seguir la Biblia, y a no pasar por encima de nuestras enseñanzas y prácticas, y a la vez avanzábamos a medida que la luz alumbraba nuestra senda.

Fue muy fácil ver que Israel conducía asambleas anuales, las cuales continuaron hasta después de la manifestación de Cristo. El hecho de que Pablo, Bernabé y otros fueran a Jerusalén a consultar con los apóstoles y ancianos acerca de algunas preguntas que habían surgido, y los apóstoles y ancianos reunirse para “considerar el asunto”, hizo patente que tal reunión estuviera en armonía con la Biblia.

Después de varias conferencias privadas, los hermanos designaron los días 26 y 27 de enero de 1906 como la fecha para conducir la primera asamblea general. Llegó ese día y veintiún miembros de diferentes iglesias asistieron. Uno de los primeros asuntos que fueron transados fue la adopción del siguiente lema o resolución: “No nos consideramos a sí mismos un cuerpo legislativo o ejecutivo, sino judicial solamente”. Se consideraron algunos asuntos de importancia, y se obtuvo bastante luz y conocimiento de la discusión de los asuntos y del estudio de las Escrituras.

Antes de la clausura de la asamblea se consideró que sería mejor hacer arreglos para una Asamblea Anual, durante una fecha designada, ya que cada año se desarrollarían asuntos de importancia los cuales necesitarían prestarles atención y hacerles ajustes. Por consiguiente, finalmente se designó que el mes de enero era un momento tan bueno como cualquier otro, ya que durante este tiempo del año era muy difícil continuar en la obra evangelística, y la clausura del año viejo y el comienzo del año nuevo sería un tiempo apropiado.

Desde ese tiempo se han conducido cinco Asambleas con éxito, y ahora estamos iniciando la sexta con alegría, que en total son siete con esta. Cada año ha traído preguntas perplejas, y cada pregunta ha sido discutida con el objetivo de resolverla en perfecta armonía con las Escrituras. No ha habido la búsqueda de lo propio, ni tampoco se han mantenido ambiciones egoístas, ni siquiera se han detectado, excepto que quizás en algunos de los que no eran miembros. De parte de todos, ha habido ese deseo honesto, ferviente y sincero por la verdad, la luz y el sistema bíblico.

Nunca ha sido nuestra costumbre tratar de torcer las Escrituras para ajustarlas a nuestra conveniencia y comodidades, pero siempre proponiendo abandonar nuestros puntos de vista propios y armonizar todo para ajustarse a las Escrituras, las cuales estamos obligados a defender. Siempre urgimos que el amor y la unidad tenga la pre-eminencia y prevalezca entre todos los que asistan. Si ha habido algunos problemas o diferencias durante el año, esperamos que todas hayan desaparecido con el año viejo, y una cubierta puesta encima de ellas, para que nada semejante pueda ser visto en la tranquilidad del año nuevo. “Que el amor fraternal continúe”, será nuestro lema para esta asamblea”. ¡ASÍ FUE EN ESE ENTONCES Y ASÍ ES COMO DEBE SER HOY!