El Ancla de Su Voluntad

Hebreos 6:17-19“Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente á los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos acogemos á trabarnos de la esperanza propuesta: La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que entra hasta dentro del velo.”

“ASI que, hermanos, cuando fuí á vosotros, no fuí con altivez de palabra, ó de sabiduría, á anunciaros el testimonio de Cristo.

Porque no me propuse saber algo entre vosotros, sino á Jesucristo, y á éste crucificado. Y estuve yo con vosotros con flaqueza, y mucho temor y temblor. Y ni mi palabra ni mi predicación fué con palabras persuasivas de humana sabiduría, mas con demostración del Espíritu y de poder” (1 Corintios 2:1-5).

“No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios; El cual asimismo nos hizo ministros suficientes de un nuevo pacto: no de la letra, mas del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Corintios 3:5, 6).

En ambas de estas cartas Pablo estaba escribiendo a la iglesia de Dios — un pueblo que no debía ser manipulado por mera motivación humana o ingenio humano. Ya que ellos iban a ser movidos y motivados por el Espíritu, por el poder de Dios. Esta era una iglesia que oraba en el Espíritu.

“Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza” (Hechos 4:31). Esta era una Iglesia que adoraba en el Espíritu. Pablo escribió, “…cantaré con el espíritu, mas cantaré también con entendimiento” (1 Corintios 14:15). Necesitamos el Espíritu de Dios con entendimiento. Una iglesia que este ministrando en el espíritu, no con palabras de encanto de la sabiduría de los hombres, sino en la demostración del Espíritu y de poder.

Entre ellos no había un concurso para ver quién podía predicar mejor que el otro, o quien podría impresionar a la audiencia, pero ellos ministraban en el Espíritu de Dios y en su poder. Alguien me dijo después de que un cierto Ministro había predicado desde el púlpito, “Bien, nunca podrás vencer aquél” Nosotros no debemos de estar tratando de vencer a nadie. Debe ser nuestro deseo que el Espíritu de Dios ministre. Cuando Dios ministra a nosotros, todos seremos edificados.

Creo que sería bueno para nosotros recordar que lo que comenzó por el Espíritu también debe ser terminado en el Espíritu. Podría haber algunas pruebas de que podemos ser una iglesia orientada por la letra. El resultado sería de una concepción que la espiritualidad es corrección en la doctrina, o el almacenamiento de conocimiento correcto en nuestra mente. Cualquier enseñanza o cualquier doctrina que no resulta en el avivamiento del Espíritu no es más que una letra muerta.

Usted puede conocer la letra y también puede predicar la letra y la gente puede irse todavía hambrienta y morir.

Alguien ha dicho, “la sana doctrina ha puesto a muchos a dormir.” Lo que necesitamos es la motivación del Espíritu y la palabra y el Espíritu ministrara. La diferencia entre la administración de la letra y la administración del Espíritu puede ilustrarse en la diferencia entre la palabra, como el pan vivo y entre el pan cotidiano. Usted puede escribir pan en un rotulo y colgarlo sobre el escenario, y la gente todavía va a tener hambre.

Pero, también puede pasar el pan por la audiencia y que coman y se sustentarán y sus vidas serán bendecidas. La palabra, el pan, no solo llena las almas hambrientas, pero el pan, llenará la gente y serán bendecidos y la iglesia será edificada. Moisés les dio el pan, escrito y grabado en piedra, pero Jesús dijo, “…mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (Juan 6:32, 33).

Dios ayúdanos hoy a poder ser capaces de dar pan a un mundo hambriento, de ser capaces de poder darle a Jesucristo a aquellos que están hambrientos y moribundos. Dios ayúdanos a ministrar vida desde nuestros púlpitos hoy en día. Pablo escribió, “El cual asimismo nos hizo ministros suficientes de un nuevo pacto: no de la letra, mas del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Corintios 3:6).

Como Ministros aptos del Nuevo Testamento los apóstoles eran ministros, no sólo de la letra, al leer la palabra escrita o predicar la letra del Evangelio, pero también eran ministros del espíritu. El Espíritu acompañaba a su Ministerio. Ellos salieron y predicaron por todas partes, el Señor con ellos y confirmando la Palabra, la Palabra y el Espíritu. Dios no confirma las teorías o ideas u opiniones, pero Dios confirma la Palabra con Su Espíritu. Necesitamos predicar; sí, pero no sólo la predicación. Necesitamos la Palabra y el Espíritu. Cuando se combinan la Palabra y el Espíritu, se producen resultados.

Cuando la palabra de Dios es predicada a través del lenguaje humano y ungida por el Espíritu Santo y encuentra un lugar de alojamiento en el corazón de un individuo, luego la vida de este individuo es cambiada, porque hay una obra del Espíritu que se llevó a cabo en su vida.

Historias insensatas; Chistes; frases o dichos; y mensajes sin sustancia nunca traerán avivamiento a la iglesia de

Dios. Pero tomará la Palabra, además de la unción del Espíritu del cielo sobre nosotros, para poder alimentar la iglesia de Dios.

Cuando la Palabra y el Espíritu salen adelante juntos habrá avivamiento, como la lluvia que hemos tenido aquí recientemente, aquí en los últimos días, ha revivido la hierba. Cuando viene una sequía podemos caminar por el césped y la hierba será marrón y crujirá bajo nuestros pies. Pero cuando la lluvia comienza a caer, va a saturar el suelo y el césped comenzará a revivir y será verde otra vez. ¡Oh Dios, que la lluvia del espíritu caiga y nos traiga avivamiento a la iglesia!

Un hombre dijo, “nuestro problema de hoy, que tenemos demasiados predicadores muertos en muchos púlpitos muertos, dando demasiados sermones muertos a muchas personas muertas”. Si la Palabra que predicamos no está viva, si no viene de Dios y ungida por el Espíritu Santo, entonces solo estamos batiendo el aire.

Somos ministros del nuevo pacto de la dispensación de la vida de Jesucristo. Lo que predicamos no solo debe proceder de Dios, debe ser acompañado por Dios y por Su Espíritu. ¡¡¡Dejemos que Su Perfecta voluntad sea nuestra Ancla Hoy!!!