¿Qué de José?

Es increíble ver cómo los días se están acortando. Parece como si fuera ayer cuando me senté en mi sala viendo a mi hijo abrir sus regalos de Navidad y la alegría que iluminaba su rostro ante la oportunidad de ver lo que había detrás de todo aquel papel de regalo.

Este año mi hijo tiene 2 años y su concepto de la Navidad puede ser sólo regalos o las luces de la casa. Veo la alegría en su rostro cuando entramos a una tienda y ve todas las luces de Navidad, árboles, etc. Mi hijo tal vez no lo pueda entender completamente a pesar de que un día si lo entendera. La mayor alegría mía, y mucho mejor que cualquier regalo de Navidad, es verlo feliz y creciendo. Yo sé que tengo mucho que pasar por el fin de ser realmente el padre que Cristo espera de mi, pero voy a disfrutar cada minuto que soy un padre para Mi hijo Josiah el cual es mi orgullo y alegría.

Mientras estoy aquí sentado escribiendo este artículo mientras miro por la ventana de mi oficina en casa, ya empiezo a sentir que la Navidad se acerca y que el tiempo cambia, y sí, incluso en el Estado de la Florida, hace frío! Pero no es sólo un espíritu maravilloso que siento cada vez que la Navidad está cerca más bien son recuerdos que se desempeñan en mi mente cuando yo era niño, y el olor de la cocina de mi madre cuando cocinaba galletas para la Navidad, y la anticipación que sentía como un niño esperando a ver lo que había detrás del papel de regalo debajo de nuestro árbol de Navidad.

Todo esto me hace preguntarme cómo José se sentía sabiendo que en ese día especial que él se convertiría en un padre terrenal para nuestro Señor, un guía y modelo para Jesús ¿Podría él haber sabido que un día su bebé se convertiría en un maestro de maestros? ¿Podría él haber sabido que en ese mismo día nació un maestro? Sé que durante la temporada de Navidad, tendemos a pensar en María y cómo Dios la usó para traer a este mundo nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Pero, ¿qué de José? Poco se sabe o se habla con respecto a este hombre. Viaje conmigo al retroceder en el tiempo si usted desea, para colocarse en el cuarto donde duerme José. Aquí hay un hombre preocupado cuya noche ha sido una muy difícil, donde tener una buena noche de descanso parece imposible. Un hombre que acaba de descubrir que su esposa María estaba embarazada, sin embargo, él estaba seguro de que no tenía nada que ver con ello. ¿Puede imaginarse lo que pudo haber estado pasando por su mente? ¿Se imagina la emoción que estaba sintiendo a la vez:

traición, ira, tristeza, etc.? Por supuesto, debe haber sido una noche terrible para el pobre José. Pero, de repente, ve algo a su derecha. Es un mensajero del Señor. Acerquémonos a escuchar lo que le está diciendo a José mientras duerme, “…José, hijo de David, no temas de recibir á María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará á su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:20, 21).

¡Guau! Con sólo unas pocas palabras, José es consolado aquí, sabiendo que Aquél el cual María estará llevando durante los próximos nueve meses es nada menos que el Mesías prometido. No hay duda en mi mente que José entendió plenamente este mensaje divino, porque la Biblia nos dice en Mateo 1:24 “Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió á su mujer.”

Ahora vamos a avanzar rápidamente hasta el nacimiento de Cristo, “Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de parir. Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y acostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón....” (Lucas 2:6-7). Ahora puedo imaginar la mirada en el rostro de José para ver este bebé mientras yacía allí. ¿Qué debe haber estado pasando por su mente? A menudo pienso en esto y lo comparo con mis sentimientos cuando tuve a mi hijo Josiah por primera vez. Era un amor que yo todavía no puedo escribir en un papel o expresar con palabras, sino que es un amor más allá de este mundo. Me imagino que José sentía lo mismo.

Pero José no podía saber que este bebé un día se convertiría en un maestro de maestros. En este día nació un maestro. José, es un ejemplo de un verdadero padre. Él asumió la responsabilidad. Me imagino a José en los años siguientes cuando le enseñaba a Jesús su oficio como un carpintero, un oficio que requiera mucha paciencia, comprensión y atención a los detalles. Todas estas características, sin duda, beneficiaron a Jesús como el Hijo del Hombre con la tarea que debería de hacer más adelante.

A menudo se ha dicho que la forma en que nuestros hijos nos ven como padres es lo que van a pensar del Padre Celestial algún día. Un padre perezoso, un Padre celestial perezoso, un padre lleno de ira, un Padre celestial lleno de ira, un padre lleno de amor, un Padre celestial lleno de amor.

Se ha dicho de un abogado que, cuando se le preguntó lo que más recordaba de su padre respondió: “De todo, voy a recordar siempre que cuando me fui en busca de mi padre, yo lo encontraba muchas veces en su oficina de rodillas orando y clamando delante del Señor”. Ahora te pregunto algo como un padre, madre, individuo, ¿cómo te recordaran los demás?

Ahora pregunto, ¿qué de José? No hay duda en mi mente que José también fue honrado por Dios con el papel que él tomó como un padre terrenal de nuestro Señor Jesús. Puedo imaginar las veces que jugó con Jesús como un niño pequeño, o de los tiempos como un adolescente cuando iban a comer juntos y hablar acerca de cosas que sólo un padre y un hijo haría. Entonces, ¿qué de José?

En esta temporada de Navidad, recordemos que la verdadera razón para la temporada. Es nada menos que nuestro Señor y de su amor indescriptible para nosotros. Él estuvo dispuesto a abandonar su trono y venir a este mundo para estar entre nosotros. ¡Gracias, Jesús!

Publicado en El Levantate, Resplandece - Publicacion Oficial - Diciembre 2013